Tiempo derramado

Una taza repleta de tiempo ha caído irremediablemente al piso.
Tratar de recoger el líquido sólo hará que las manos terminen manchadas de vagos recuerdos.
Soltar sendas lágrimas por tan preciosa sustancia terminará por diluirla y arrebatarle sus sensibles propiedades.
Revolotear frenéticamente los charcos que se han formado distorsionará el reflejo de nuestra propia imagen.
Reflejo concebido para darnos cuenta de las leyes naturales que nos rigen.
Beber el tiempo hasta que se agote es una actividad que no puede ser postergada en forma alguna.
Invariablemente la tetera que contiene la cantidad precisa de este brebaje asignado a nuestra persona llegará a su fin.
No habrá una segunda ronda o tan siquiera una última degustación.
Es por eso que tratar de no desperdiciar el tiempo al evitar vertirlo sin conciencia se vuelve algo aconsejable y hasta esencial.

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Andanzas

Extraño es que la cercanía pese más que la distancia.
Pero lo es aún más, que una contradicción tan burda como ésa permita a las manecillas de este reloj de bolsillo llamado vida corretear libremente.
Y que en su avance desenfrenado se desenvuelvan cientos de historias, algunas de las cuales pueden congelarse y ser eternamente admiradas a petición personal.
Constituyen un simple vistazo de lo que fue, ignorando lo que verdaderamente es y distorsionando lo que será.
Brillan incitando a un intento ilusorio de poseerlas, sin embargo sólo conducen a una angustiosa ceguera, la cual puede ser sólo temporal si es que se dispone de la voluntad y el aplomo para reunir aquello excepcionalmente necesario y echar a andar una vez más, perdiendo y encontrandose a uno mismo a lo largo del camino.

Autor: Juan P.

Fragmento de una vida

Aún se alcanzan a escuchar a las lágrimas derramadas goteando sobre las múltiples  heridas, y aquellos cansinos lamentos que sofocan el silencio de manera intermitente.

Emergiendo de la oscuridad, se aprecia un rostro comprimido por la presión del vacío, agrietado por la desesperanza que representa el cúmulo de oportunidades perdidas, y temeroso por un futuro incierto que golpea como una ráfaga de viento invernal.

Las multitudes que ocasionalmente aparecen, rodean como un fuego abrasivo, a la figura solitaria, que se pierde en el miedo de ser consumida por dicho fuego, pero que al mismo tiempo anhela su calor.

El final parece no llegar nunca, la tierra no se digna a fragmentarse en múltiples partes y  el cielo no tiene el deseo de lamentarse por aquel ser, la decisión definitiva de lo que ocurra a continuación está a pesar de los pronósticos, en sus manos.

Autor: Juan P.

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